jueves, 11 de marzo de 2010

La guerra hispano-rusa

Introito: Esta mañana en el trabajo, una compañera se sorprendía al enterarse que los españoles habíamos estado en Alaska, eso me recordó esta pequeña historia.


La División Azul (españoles que lucharon contra los soviéticos al lado de los nazis durante la II Guerra Mundial (por si acaso)) tuvo un antecedente poco o nada conocido en nuestros días. La primera guerra entre españoles y rusos.

Corría el año 1798 cuando Napoleón tomó la isla de Malta en su camino a Egipto, los caballeros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén hasta ese momento dueños de la isla, se refugiaron en su mayoría en Roma. Pero muchos de ellos aceptaron la hospitalidad del zar Pablo I, quién sentía una admiración enorme hacia los enemigos seculares de los turcos.

Agradecidos, varios caballeros exiliados nombraron al zar Gran Maestre, a pesar de la oposición del Papa y de los altos dignatarios que estaban en Roma. Su Católica Majestad, el rey Carlos IV de España, apoyó a los que se oponían, ya que el zar era miembro de la Iglesia Ortodoxa y no obedecía al Papa ni seguía la fe católica.

Esta oposición frontal le sentó mal al zar, quién además vio que España no entraba en la coalición contra Napoleón, por lo que ordenó – 15 de julio de 1799- que se declarase la guerra a España. Lo que se hizo efectivo el 9 de septiembre de ese mismo año.

Ese mismo año, los franceses derrotaron aplastantemente a los rusos en la batalla de Marengo, el zar comenzó a acercarse a Francia. Pareció olvidarse de sus diferencias con el rey español. También ese año el zar había creado la Compañía Ruso-Americana, que tenía por objeto consolidar la expansión rusa en Alaska y más al sur.

El zar Pablo fue asesinado el 23 de marzo de 1801. Le sucedió Alejandro I, hombre liberal y bondadoso, quién notificó a España su deseo de firmar la paz por su elevación al trono. La paz se alcanzó el 4 de octubre de 1801, volviendo los embajadores al año siguiente.

La guerra terminó sin disparar un solo tiro por ninguna de las partes.

Curiosamente, esta guerra incruenta y pintoresca podría haber sido algo más serio. Los españoles nos retiramos de la actual Columbia Británica en 1795 y los rusos llegaron a California en 1806. De lo contrario la cosa podría haberse convertido en algo muy serio, ya que la flota rusa estaba presente en el Mediterráneo desde 1770 y, por culpa de la guerra contra Napoleón, había un escuadrón naval en Lisboa cuando se anunció la declaración de guerra.

Haciendo un poco de historia-ficción: de haberse producido un choque armado, los barcos rusos habrían sido barridos por la flota española -en ese momento estaba entre las tres más grandes del mundo, junto a la británica y la francesa-, además la flota española de las Filipinas podría atacar los puestos rusos en el Extremo Oriente, además de destruir los pequeños puestos comerciales rusos en Alaska, una costa muy bien conocida por los navegantes españoles.

1 comentario:

  1. Buena esta entrada Víctor. No sabía de esa guerra. Ahora, eso de que la flota española los barriese...no me fío de nosotros barriendo a nadie.

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