lunes, 26 de julio de 2010

Pedro Navarro. ¿traidor a España?

Empezamos con una biografía de esas que Hollywood convertiría en, al menos, tres películas; o la HBO en una serie de tv de muchas temporadas.

Pedro Navarro, cántabro y español, muerto como leal súbdito francés


Hoy en día sería tachado de traidor a su Rey, pero a fines del s. XV estaba reconocido el derecho de un noble a desnaturarse de su soberano, poner su espada al servicio de otro y hacer armas contra su antiguo señor. Va a ser esa época -reinado de los Reyes Católicos- cuando comienza a crearse un sentido de patriotismo que llegará hasta nuestros días.

Se le ha hecho nacer en Vizcaya e, incluso, Navarra, pero parece claro que nació cántabro, aunque se trasladó pronto a la ciudad de Sangüesa, en Navarra, donde trabó amistad con mercaderes genoveses. Él mismo contó al historiador Paulo Jovio que, cansado de navegar por los mares de Vizcaya, marchó a Italia donde se acomodó como mozo de espuela del cardenal Juan de Aragón. A la muerte de éste -1485- fue a tomar parte en la guerra de Lucca, contando unos 25 años, por lo que se sitúa su nacimiento hacia el año 1460.

Génova y Florencia se enfrentaban en los campos de Lucca desde 1484 disputándose el castillo de Serezanello. Navarro militaba como simple soldado de infantería, no sabemos en que bando. Aquí nos encontramos con un problema habitual con los cronistas de la época; pues Hernando del Pulgar nos cuenta que en 1487, casi en los mismos días, Vélez-Málaga se rendía a los RRCC, poniendo estos de alcaide del castillo de Bentomiz a Pedro Navarro.
Al poco aparece de nuevo en Italia dedicado al corso. El Senado veneciano determina su busca y captura con el fin de evitar que siguiera sus aventuras y daños contra la República. Sin resultados positivos para los venecianos.

En 1499 está alistado en el ejército del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, creador de los tercios españoles que dominarían el combate durante 150 años. Este mismo año, 1499, Luis XII había sucedido a Carlos VIII de Francia. La poca resistencia que encontró en Génova y Milán le persuadieron de la facilidad de conquistar Nápoles, pero chocaría con la estrategia de Fernando el Católico, primero con negociaciones -Fernando fue el creador de la escuela diplomática española y el primer rey europeo en tener embajadas estables en los principales países- y luego proponiéndole el reparto de aquel reino – Tratado secreto de Granada, 1500-. Al año siguiente, el Gran Capitán está apoyando a los venecianos contra los turcos en la conquista de Cefalonia -frente a Lepanto-; las negociaciones entre Fernando y el francés no iban bien y se remitió la decisión del conflicto a las armas.

Gonzalo de Córdoba, sabedor de su inferioridad numérica, determinó situar sus tropas en puntos estratégicos, repartiendo el mando entre sus capitanes. A Pedro Navarro, a quién tenían en grande opinión de soldado, le encargó la defensa de Canosa; ante los numerosos asaltos y superioridad numérica, hubo de rendirse con honrosas capitulaciones.

Pasó a proteger Taranto (Torrento). Se apodera de Castellaneta, entra en Asti y luego en Francavilla y participa brillantemente, bajo el mando del Gran Capitán, en la toma de Ceriñola y su castillo. Conseguir Nápoles en mayo de 1503 fue casi un paseo militar y el éxito llevó consigo el triunfo de la flota aragonesa. Los franceses habían dejado atrás fuertes guarniciones para entretener la defensa. Por esta razón se encarga a Pedro Navarro el sitio de Castelnuovo, junto al puerto de Nápoles. Pronto se conquista la ciudadela y el castillo. Era tan grande la confianza que el Gran Capitán tenía en Navarro que lo puso a la cabeza de la gente que dejaba en Nápoles, cuando salió a perseguir a los franceses. Tomó Navarro Castel-Ovo, situado en un peñasco aislado en medio del mar y sin otra comunicación por tierra que un puente de piedra.
Decidió Navarro aplicar sus minas en la peña, abriendo un túnel y decidió henchirlo con pólvora y cerrarlo después con un muro muy fuerte, la explosión fue terrorífica, el 2 de julio de 1503 se rindió Castel-Ovo.
Los historiadores italianos contemporáneos dicen que quien le aconsejó emplear minas fue Francisco Jorge, ingeniero de Siena. Los historiadores franceses no dejan duda de que la invención fue española y Navarro el primero en aplicarla en Italia, porque hasta ese momento las minas se limitaban a excavar y entibar con maderos o estacas a medida que retiraban las piedras y, una vez finalizada la operación , se cubrían los postes con una capa de resina u otra materia combustible y se prendía fuego. Cuando se quemaban, el castillo o torreón se hundía. La pólvora nunca sirvió para tal fin hasta que Navarro la usó en Nápoles.

Navarro y sus hombres, enriquecidos por el pillaje, se unieron al Gran Capitán. Se suceden el sitio de Gaeta y la toma de Monte-Cassino. Y la batalla de Garellano.

Pacificado el reino de Nápoles y publicada la paz con Francia el 25 de febrero de 1504, el Gran Capitán recompensó a quienes le habían ayudado en la empresa: a Pedro Navarro le concedió la ciudad o villa de Oliveto, en el Abruzzo, con su condado. El Rey Católico ratifica la posesión de este título para él y sus sucesores.

A la muerte de Isabel, 26 de noviembre de 1504, y la apertura de su testamento, Fernando se aparta de Castilla. Decide ir a tomar posesión del reino de Nápoles -considerándolo dependiente del de Aragón. Es recibido calurosamente, dictando leyes para la pacificación del Reino. Algunos nobles españoles perdieron sus recién ganados títulos que fueron devueltos a los napolitanos. No fue el caso de Pedro Navarro. Fernando volvía a España el 4 de julio de 1507, precediéndole Navarro ocho días antes con la armada de naos y soldados. Ante la muerte de Felipe el Hermoso, Fernando tomará posesión del gobierno de Castilla el 21 de agosto de 1507.

Desde su regreso, el cardenal Cisneros le instaba a la conquista de Orán. El Rey puso a las órdenes de Cisneros naves y galeras del reino y lo nombró capitán general de toda África, puso como lugarteniente general al Conde Pedro Navarro, nombrado maestre de campo general. Esto causaría diversos malentendidos entre los dos, el cardenal quería mandar directamente como Capitán General que era. Superadas las dificultades, salió la expedición el 16 de mayo de 1509, al día siguiente llegaron a Mazalquivir, gran puerto del Mediterráneo cercano a Orán, en poder español.

Una vez desembarcados, se pudo disuadir al Cardenal de dirigir el ataque montado en una mula y revestido de los ornamentos arzobispales y con una cruz delante, el Conde de Oliveto marchó a tomar la sierra existente entre Mazalquivir y Orán, mientras las galeras bombardeaban las murallas de la ciudad. La conquista se verificó el 27 de mayo con aparente facilidad.

Por orden real se encargó a Navarro el gobierno de Orán como capitán general, le duró poco este mando. El 30 de noviembre de 1509, apenas seis meses después, partió de Orán llevando 5.000 hombres y rumbo secreto.
La expedición resultó ser contra Bugía (Bugeija), llegaron ante los muros de la ciudad el 5 de enero de 1510. Los defensores pensaban que Navarro sólo deseaba saquear la ciudad, por lo que la defensa no fue notable, abrieron las puertas a los cristianos. Navarro se mostró muy político con el bey Abderramen. Consecuencia de esta victoria fue que el 31 de enero de 1510 se rindió Argel y se firmó un pacto, Navarro se obligaba a conservar las leyes, privilegios y tributos y los argelinos se reconocían vasallos y tributarios del rey de España, poniendo en libertad a numerosos cautivos cristianos.

Muley Yahya, bey de Túnez, al ver los triunfos de Navarro se ofreció como vasallo del Rey Católico. Igual hicieron otras ciudades próximas. Al mediar el año 1510 toda la costa africana hasta el reino de Túnez estaba sometida a las naves y ejércitos de España.

El 7 de junio Navarro volvió a Nápoles para recoger municiones y víveres, donde se unió a galeras de Nápoles y Sicilia, poniendo rumbo a Trípoli. Era esta una ciudad rica, famosa por su comercio con Asia e Italia. Situada en un llano arenoso y rodeada por el mar en su mayor parte, tenía buenas murallas, numerosas torres y baluartes fortificados provistos de artillería. Ofreció una tenaz resistencia, pero fue tomada el 25 de julio de 1510, en una sola jornada.

Esta extraordinaria victoria se vio contrarrestada por un desastre. El capitán general, D. García de Toledo, heredero de la Casa de Alba, con gran temeridad y desoyendo los consejos de Navarro, intentó un desembarco en la isla de Gerbes (de los Gelves). Los moros reaccionaron con gran fuerza, lo que originó una tremenda derrota, en la cual murió el mismo D. García. La desbandada fue tremenda, Pedro Navarro se vio impotente para contener a los cristianos, a duras penas pudo llegar a su nave. El desastre de los Gelves no sólo interrumpió la expansión española en el norte de África sino también la carrera de Pedro Navarro.

Fernando le ordenó llevar los restos de su armada a Nápoles, pues había firmado una Liga con el Papa y los venecianos contra Francia (octubre de 1511). El Rey estuvo muy inclinado a dar a Pedro Navarro el mando del ejército, pero no se atrevió por el poco esplendor de su nacimiento, pues aunque los españoles le obedecerían, dudaba mucho que los principales venecianos y de la Santa Sede lo hicieran. Se le dio el cargo de capitán general de la infantería.

En la batalla de Rávena -11 de abril de 1512- cuando estaba cubriendo la retirada al mando de la retaguardia, fue reconocido y hecho prisionero. Aunque los franceses quedaron dueños del campo de batalla, perdieron más gente que los españoles. Los historiadores franceses refieren la vergonzosa fuga o retirada de gente de armas que, no obstante blasonar su alto origen, dejaron al Conde de Oliveto prácticamente abandonado en el campo de batalla. En la Corte española, donde la envidia nunca faltaba, aún se le hacía responsable del desastre de los Gelves, acusándole de traición y cobardía, especialmente el Duque de Alba, sin duda para disculpar la conducta de su hijo.

Navarro fue llevado prisionero a Bolonia, junto con el cardenal y legado papal Juan de Médici, también cautivo. En términos generales el intercambio de prisioneros estaba claramente regularizado. Por ejemplo, por infante o peón prisionero se daba por rescate la paga de un mes; por el hombre de armas, la de tres meses; de seis meses por el capitán de infantería y alféreces; por el capitán de una banda de caballos, la paga de un año; por los capitanes y aventureros de clase nobiliaria, no había rescate estipulado, quedando al arbitrio de cada general.
Pero en la batalla de Rávena, el rey de Francia ordenó que no se soltase a ningún prisionero de nombre reconocido sin consultar directamente con él. Pedro Navarro fue retenido, pidiéndose por él 20.000 ducados de rescate. Carecía de ellos – su condado de Oliveto le reportaba 500 ducados al año- en consecuencia hubo de ir prisionero al castillo de Loches, en el interior de Francia.

Al cabo de un año de prisión podía creerse que el Rey Católico había olvidado a Navarro. Está probado que no era así, en las instrucciones particulares que dio al embajador en Francia para tratar sobre la paz aparecía no sólo como punto político la libertad de Navarro, sino como de rigurosa justicia. Pero la paz no llegó a tener efecto.
Paralelamente Navarro se dirigió a su antiguo compañero de prisión, Juan de Médici, ahora libre y pontífice -León X- para que este intercediera ante el rey de Francia. Pero ningún efecto hicieron las misivas papales. Estaba claro que la libertad del Conde dependía esencialmente del dinero, que él no tenía y nadie ofrecía por él.

Muere Luis XII de Francia, 1515, y le sucede Francisco I, en cuyo ánimo está dominar Italia. Pedro Navarro fue mandado llamar por Francisco I ofreciéndole altos cargos militares y el pago de su rescate. Y es partir de este momento cuando se inician las controversias históricas sobre la actuación de Navarro, pues para algunos historiadores fue el Conde quien se ofreció al francés sin condiciones. Sí es cierto que Navarro mandó a Fernando su solemne renuncia, por escrito, del condado de Oliveto y demás feudos en Nápoles. Solicitaba al rey Fernando que le alzase el juramento de fidelidad que le debía para poder servir al francés. Fernando, siempre diplomático, trató de atraerse nuevamente a Navarro, incluso ofreciéndose a pagar los 20.000 ducados del rescate. Las diligencias del Rey Católico no dieron fruto y Pedro Navarro se puso al servicio de Francia, aunque no sin cierto pesar, confesó a fray Alonso de Aguilar: “ahora me parece estoy más preso e captivo que antes”.

Nos encontramos a Pedro Navarro en la batalla de Mariñano y más tarde en una de sus más sonadas conquistas, la de la fortaleza de Milán a los 30 días de sitiada.

Al firmar la Paz de Noyons, 13 de agosto de 1516, y encontrándose ocioso, volvió a su antigua profesión de marino, juntando en Marsella una armada de 16 galeras con escogidos soldados. No se sabe si lo pagaba secretamente el rey de Francia o bien pensaba dedicarse al corso. Hay quién afirma que trataba de sublevar Nápoles en favor de los franceses.

A la muerte de Fernando el Católico, Carlos sucedió a su abuelo por la demencia de su madre, y a la muerte de Maximiliano, fue nombrado Emperador, 28 de junio de 1519. Pedro Navarro pidió a su antiguo compañero de prisión, el Papa León X que mediase para reconciliarse con el rey de España. Las negociaciones no fueron favorables.

En 1522 tenemos noticias de la actividad de Pedro Navarro en Italia luchando en Milán, y siendo derrotado por los españoles. Ante esta victoria, estos se dirigen hacia Génova, cayendo ésta en sus manos. Navarro llegó en auxilio de los franceses con tres galeras y una nave, pero fue apresado por los españoles, coincidió con el Dux de Génova también apresado. Fueron llevados a Nápoles, y fueron encarcelados en Castlenuovo, aquella fortaleza que Pedro Navarro asaltó en 1503. Pasaría algo más de cuatro años preso.

El 24 de febrero de 1525 tuvo lugar la batalla de Pavía, brillantemente ganada por los españoles, y donde caería prisionero de un capitán vascongado el rey Francisco I. En enero de 1526 en el Tratado de Madrid se estipularon las clausulas por las que el rey francés quedaría libre junto con diversos prisioneros, además de renunciar a sus pretensiones sobre Nápoles, Milán, Génova y otras plazas. Navarro salió libre y sin condiciones.

Como siempre ocurría, y seguiría ocurriendo, en Europa, al tener tanto éxito el Emperador, se formó una coalición contra él, integrada por el Papa, los venecianos, el Duque de Milán, Florencia y Francia, llamada Liga Clementina. Las armadas enemigas se enfrentaron a la altura de Capodimonte. El ejército imperial, formado en su mayoría por protestantes alemanes y suizos, entraba a saco en Roma el 6 de mayo de 1527. El Papa tuvo que correr, literalmente, a refugiarse en Sant'Angelo. Francisco I, pretextando su liberación, mandó 10.000 soldados a Italia bajo el mando de Pedro Navarro. Iban a apoyar a las tropas francesas que luchaban contra los imperiales en la península itálica.
Capituló Génova ante los franceses, entrando Navarro en el castillo que antes le había visto prisionero. A continuación, realizó un finta sobre Milán y se dirigió contra Pavía, que se rindió y sufrió un fuerte saqueo. Después se dirigieron a las afueras de Roma para liberar al Papa de su fortaleza-prisión de Sant'Angelo. El Papa se escabulló por la noche, 8 de diciembre de 1527, y se unió con el capitán general francés Lautrec.

Según iba pasando el invierno, los franceses se desplegaron por la campiña con destino a Nápoles, adonde llegaron el 9 de abril de 1528. Los sitiados andaban escasos de provisiones, pero también en el campamento francés faltaba el agua, pues la caballería de los imperiales hacía incursiones arrebatándoles los víveres. Las enfermedades, especialmente la peste, abundaban en el bando francés, y aumentaron durante el verano. De los 25.000 infantes que habían ido a Nápoles no llegaban, a fines de julio, a 4.000 en estado de combatir.
El almirante Andrea Doria, genovés, se pasa al bando imperial con sus galeras dejando de bloquear Nápoles. Los imperiales pasaron prácticamente de ser sitiados a sitiadores. La moral francesa cae por los suelos al morir el capitán general Lautrec, deciden retirarse hacia Averssa, cercana a Nápoles.
En la retirada, los imperiales salieron en su persecución. En una vereda de montaña una patrulla de caballería albanesa se topó con Navarro quién iba enfermo en una litera. Fue llevado a Nápoles, anciano y enfermo lo alojaron en casa del capitán albanés Socallo, que fue su apresador, y obtuvo como premio un castillo en tierra de Otranto. Navarro pidió ser trasladado a Castelnuovo, cuyo castellano había combatido contra él en Brescia, aún así éste le acogió con amable hospitalidad.

Llegaron órdenes del emperador Carlos V para ejecutar a los enemigos, el castellano Icart, tal vez por respeto a la figura de Navarro, “hizo detener al verdugo algún tanto y que la ejecución se dilatase, dio con eso lugar a que Navarro, que ya estaba muriéndose de enfermedad, muriese naturalmente de allí a poco y de sus resultas.”.
También en este punto hay múltiples versiones para la muerte de Pedro Navarro. Desde que fue ahogado con mantas y cobertores, hasta que le dieron garrote por orden directa de Carlos I. Hay quién dice que se suicidó.

No se ha fijado con exactitud la fecha del fallecimiento, pero probablemente aconteció en los últimos meses de 1528 y a los 68 años de edad, si como supusimos que nació en 1460.

Y aunque estamos en España, la envidia no triunfó al fin.

Unos 20 años después de su muerte y de la de Lautrec, el virrey de Nápoles, Duque de Sesa y nieto del Gran Capitán, perdonando las miserias humanas y acordándose del genio militar de ambos les preparó unos túmulos de mármol, uno frente a otro, en una capilla propia en la iglesia de Santa Maria la Nuova de aquella ciudad.

Los cronistas de la época reconocen que fue un hombre recto y de conciencia ajustada, amigo de frailes y devoto como una beata, si algún indicio había de disipación o vicio en su carácter se debía a la corrupción de Italia y a la soltura militar del momento. El propio Rey Católico le llamó en alguna ocasión “buen cristiano”, y el Papa León X se refirió a él como “varón de admirable piedad y religión, de grandes y esclarecidos servicios a la república cristiana”

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