La Hacienda en el reinado de Alfonso X
Alfonso X el Sabio reinó en Castilla y León entre los años 1252 y 1284 y fue, sin duda, uno de los más importantes personajes de la Edad Media española. En la actualidad es recordado por su decisiva contribución al avance de las ciencias de la naturaleza, el arte, la historia y el derecho. Ejemplos excepcionales de su quehacer son las Cantigas de Santa María y las Siete Partidas. En su época destacó, además, por el impulso que dio a la reconquista y sus triunfos militares sobre los moros. Así, participó en la toma de Murcia y Sevilla, en sus años juveniles, y en la conquista del valle del Guadalquivir, Jerez, Cádiz, Huelva y Niebla, siendo ya rey.
Su labor modernizadora se extendió también al terreno hacendístico. En primer lugar, reforzó notoriamente la posición del monarca frente a la aristocracia a la hora de exigir tributos, dejando claro que sólo aquél gozaba de esa potestad con carácter general, mientras que los nobles la debían circunscribir a sus dominios territoriales.
Su segundo objetivo fue incrementar la exigua recaudación tributaria que existía en la época de su padre, Fernando III. De esta manera, creó nuevos impuestos que gravaron algunas de las actividades económicas más pujantes de los años intermedios del siglo XIII. En concreto, estableció los diezmos aduaneros, que recaían sobre el comercio exterior, y un impuesto sobre la ganadería trashumante, que se concretaba en el pago de un maravedí por cada mil cabezas de ganado lanar.
Otra vía para incrementar la recaudación consistió en normalizar los servicios, que hasta ese momento tenían un carácter extraordinario. Los servicios eran recursos adicionales que se recababan de los ciudadanos para sustentar necesidades imprevistas de la monarquía y que debían ser aprobados previamente por las Cortes. Este proceso se inició en 1264, cuando Alfonso exigió un servicio para dominar la sublevación de los mudéjares murcianos y sevillanos. Cinco años más tarde solicitó en las Cortes reunidas en Burgos seis nuevos servicios para sostener la guerra contra los musulmanes y un servicio doble para viajar a Alemania.
Esta última petición fue debida a que, durante dos décadas, Alfonso X intentó, sin éxito, ser elegido emperador del Sacro Imperio Germánico. Su candidatura se fundamentaba en el gran prestigio que tenía en las cortes cristianas de Europa y en que descendía, a través de su madre, de varios emperadores germánicos y bizantinos.
Otros tres servicios se aprobaron en 1275 con ocasión de la invasión del sur de la península por unos poderosos guerreros norteafricanos, los benimerines. Además, la traición del almojarife mayor Zag de la Maleha, y su posterior ejecución, pudo ser el detonante de la poderosa elevación de la fiscalidad sobre los judíos a partir de 1281. No contento con lo anterior, Alfonso X pidió a sus vasallos otro servicio en las Cortes sevillanas celebradas ese mismo año.
La creación de nuevos impuestos, el aumento de sus tipos y la frecuente exigencia de servicios llevó a que la presión fiscal se multiplicase por cuatro, originándose un profundo descontento entre los nobles y comerciantes que desembocó en una auténtica guerra civil a partir de 1281.
Este conflicto militar amargó profundamente los últimos tres años del reinado, puesto que los descontentos fueron acaudillados por Sancho, segundo hijo de Alfonso X. No obstante, la traición de Sancho tenía un fundamento: el Monarca le había relegado en la sucesión al trono, anteponiendo a los Infantes de la Cerda, hijos de su primogénito Fernando, el cual había fallecido prematuramente.
Decepcionado y abandonado por una parte de sus vasallos, Alfonso X el Sabio falleció el 4 de abril de 1284 en Sevilla, después de haber perdonado a su hijo Sancho, que le sucedería, a pesar de todo, con el nombre de Sancho IV el Bravo.
lunes, 31 de enero de 2011
sábado, 29 de enero de 2011
Aportes españoles a América
Los españoles aportaron a sus colonias en América, una serie de elementos técnicos comunes a las civilizaciones euro-asiáticas, que hicieron pasar al continente americano de la Edad de Piedra en que se encontraba en el momento del descubrimiento al siglo XVI europeo, en un tiempo asombrosamente corto.
Entre ellos:
- el caballo, que reavivó a las comunidades cazadoras de las praderas estadounidenses hasta el siglo XIX y las de ciertos pueblos sudamericanos: mapuches, pampeanos, etc. Y con el caballo, la guarnicionería.
- la vid, de cuyas cepas descienden hoy las producciones vinícolas de Chile, Argentina y California.
- el vinagre
- las leguminosas (judías, garbanzos, lentejas, habas...)
- el arroz, almendras, ajos, cebollas, ciruelas pasas (y demás frutas secas)...
- el ganado bovino, incluyendo el toro bravo, por lo que hoy existen corridas de toros en varios países americanos.
- el trigo.
- el ganado ovino.
- sebo, alquitrán
- la rueda como elemento de trabajo y transporte, pues algunas culturas americanas ya hacían uso de ellas en juguetes y probablemente en otras áreas técnicas.
- el hierro: en España, la rejería, tanto civil como religiosa, había elevado el tratamiento del hierro a la categoría de arte, con toda clase de diseños y filigranas. La metalurgia: de Toledo, la más avanzada de Europa
- la cerámica morisca de Valencia: azulejos, vajillas, etc.
- las armas de fuego. La pólvora, que vino de China.
- el limón, originario del sudeste de Asia, fue llevado a Europa por los cruzados.
- el azúcar llevada desde Medio Oriente al entonces territorio conocido como Al-andalus.
- el lino, el cáñamo.
- la seda.
- la imprenta moderna, inventada por Gutenberg en 1449, fue llevada por los españoles a América ya en la primera mitad del siglo XVI.
- el calendario juliano, después en 1583 se instauró el calendario gregoriano.
- las arquitecturas europeas y árabes, de las que había buenos ejemplos en España: la Alhambra de Granada, la mezquita de Córdoba, Medina Azahara, los Alcázares de Sevilla..., los palacios renacentistas de Jabalquinto, en Baeza, el de Cogolludo, en Guadalajara, el palacio del Duque del Infantado, también en Guadalajara, el Colegio de Santa Cruz, en Valladolid..., e innumerables iglesias, catedrales y palacios románicos, góticos y mudéjares. La arquitectura del antiguo Egipto, similar a la precolombina, hacía mucho tiempo que se había superado en Europa (y en el mundo islámico) por soluciones más avanzadas y sofisticadas.
- capítulo aparte merecerían los castillos y monasterios medievales. Los primeros, apenas tuvieron continuidad en el Nuevo Mundo. Los monasterios, sí. Algunos, como el de Santa Catalina, en Arequipa, verdaderamente originales. Como merecería también un capítulo aparte la técnica alcanzada en la escultura por maestros como Gil de Siloé, Rodrigo Alemán, etc.
- las técnicas de jardinería: los jardines del Generalife, que datan de los siglos XII a XIV, los jardines de Aranjuez, los de Toledo, los de Sevilla...
- las técnicas de construcción de barcos de gran tonelaje, fundando modernos astilleros en Cuba y en el continente americano: Guayaquil, Panamá, etc.
- las técnicas de navegación transoceánicas
- la ballestina, utilizada en el mar desde principios del siglo XV para determinar la altura de los astros
- el astrolabio, el cuadrante, la brújula marina (una aguja magnética montada sobre balancines para que pudiera girar libremente pese a los bandazos de los buques), la ampolleta (una especie de reloj de arena), y otros instrumentos de navegación
- la cartografía
- las técnicas de explotación mineras: además de introducir implementos de hierro como picos, alzaprimas, cuñas y almádenas, los españoles inventaron técnicas de explotación minera como los molinos de ganga accionados por fuerza hidráulica, o el método de amalgama: la plata se extraía del mineral combinándola con mercurio y se la separaba de la amalgama por destilación del azague.
- conocimientos de aritmética, geometría, astronomía y música (el "quadrivium") que se enseñaban en las universidades españolas desde el siglo XIV.
- el sistema financiero: el dinero, la banca, la letra de cambio, las sociedades mercantiles, etc. Los conocimientos de economía: en el siglo XVI, la Escuela de Salamanca estaba en la primera fila de estos estudios: "Fueron los tratadistas de la Escuela de Salamanca los que, antes que el francés Jean Bodin, vieron la relación entre la abundancia de moneda, su depreciación y la correlativa carestía de los productos y servicios (...)." Pag. 252 de "El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias". Antonio Domínguez Ortiz. Por su parte, Joseph A. Schumpeter, en su clásica obra "Historia del análisis económico", se refiere a "El muy alto nivel de la economía española en el siglo XVI (...). Pag. 207 de la citada obra. Autores como Luis Ortiz ("Memorial al Rey para que no salgan los dineros de estos reinos de España", 1558), Saravia de la Calle, elaborando una teoría de los precios, Martín de Azpilicueta, que ofrece una teoría cuantitativa del dinero, Tomás Mercado, exponiendo una muy moderna interpretación del cambio internacional... son sólo algunos de los nombres que sentaron las bases de la economía en España, pero también en Europa.
- los conocimientos de medicina: desde el siglo XIII, ya había una cátedra de medicina en Salamanca (una de las universidades más antiguas de Europa). Por aquellas fechas, su titular, Gabriel Álvarez Abarca era, además, médico de los Reyes Católicos.
- los conocimientos de farmacia: en España se investigaba y desarrollaba la farmacia en la célebres "boticas". Para estar al frente de una farmacia, era necesario tener el título de Maestro Boticario, al que se accedía mediante un riguroso examen.
- hospitales: ya desde el siglo XII, el Camino de Santiago estaba jalonado de hospitales que atendían a los peregrinos y a los enfermos pobres de la localidad en la que estaban ubicados. Pero fueron los Reyes Católicos los que más impulsaron la medicina hospitalaria en toda España. Tal vez el mejor exponente de este empeño sea el Hospital de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela, fundado por ellos mismos en 1.499, hoy convertido en el Parador Nacional de Santiago.
- las técnicas hidráulicas, conocidas en España desde las épocas de las dominaciones romana y árabe: acueductos y embalses (los acueductos de Segovia y Mérida, el embalse de Proserpina, también en Mérida, etc.), canalizaciones y regadíos (la huerta de Murcia)...
- la técnica de los tapices: importantísimas fueron las colecciones de tapices de los reyes Fernando e Isabel.
- la marroquinería, el repujado, el damasquinado, la esmaltería, la azabachería, la mazonería, la orfebrería, la joyería.
- la encuadernación de libros.
- la técnica de las vidrieras, que había alcanzado su madurez en la decoración de algunas catedrales góticas de los siglos XIII y XIV (la de León, la más destacada)
- las técnicas de pintura desarrolladas durante los siglos XIV Y XV (pintura al temple, al óleo...), las técnicas del laminado del oro ("pan de oro") para recubrir retablos...
- las técnicas de entretejido: alfombras, vestidos, terciopelos, brocados... En Alcaraz, provincia de Albacete, se fabricaban desde el siglo X algunas de las mejores alfombras de Europa. Varias de ellas se conservan en el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid.
- la técnica del artesonado
- las técnicas urbanísticas: ya Fernando el Católico escribió a Nicolás de Ovando dándole instrucciones de cómo se deberían planificar las nuevas ciudades en América. Lo mismo hizo el Rey Carlos I. Pero fue Felipe II quién, en sus famosas "Ordenanzas de Poblamiento" de 1573, estableció las normas a seguir: una amplia plaza mayor, calles amplias "tiradas a cordel", edificios dentro de cuadrículas, etc. Sin duda, el mayor esfuerzo planifcador urbanístico de la Historia.
- la ingeniería militar, que se plasmó en los fuertes de San Marcos, en La Florida, el de San Carlos de Perote, el de San Felipe de Bacalar, el de San Juan de Ulúa, el recinto fortificado de Campeche, el fuerte de San Diego de Acapulco, todos ellos en México, los castillos de La Punta, de la Fuerza y el de los Tres Reyes del Morro en La Habana, el castillo de San Carlos de la Cabaña, también en Cuba, el castillo del Morro de Santiago de Cuba, la ciudad amurallada de Santo Domingo, las murallas de San Juan de Puerto Rico, el castillo de San Felipe del Morro, también en Puerto Rico, el fuerte de San Lorenzo el Real de Chagre, en Panamá, el fuerte de San Felipe en Puerto Cabello, el castillo de Araya y las fortificaciones de Cumaná, en Venezuela, el fuerte de San Felipe de Barajas en Cartagena de Indias, Colombia, la fortaleza del Real Felipe del Callao, en Perú, el recinto fortificado del castillo de Niebla, en Chile, etc.
- la ingeniería civil: innumerables puentes, puertos, canales y calzadas.
- las Universidades, como instrumentos de transmisión de conocimientos: ya en el siglo XVI, se fundaron las de Santo Domingo, México y Lima
- escritura: la gramática de Antonio de Nebrija de 1492, la primera gramática europea desde la antigua Roma, que serviría de modelo para las de otras lenguas, marcó un hito en la maduración del castellano. Pero ese año, en España, también se escribía (y se hablaba) en latín, gallego y catalán.
- productos asiáticos (manufacturas de seda, especias, porcelanas, marfiles, etc.)
Aportes Americanos
Los españoles llevaron al que denominaban Viejo Mundo (Europa, Asia y África) una serie de elementos técnicos desarrollados por las culturas precolombinas.
Entre ellos:
- Las civilizaciones mesoamericanas desarrollaron unas matemáticas avanzadas. Utilizándolas, los religiosos hispanos mejoraron el calendario gregoriano.
- el maíz
- el tomate, que se volvería fundamental en la cocina italiana
- la papa, al principio una planta ornamental y más tarde salvaría de la muerte a miles de europeos, sin olvidar a los irlandeses (que apenas eran considerados semi-humanos por los ingleses)
- la batata
- la vainilla
- el pimiento, que se volvió esencial en la comida tailandesa e india.
- el tabaco, algunos médicos lo recomendaban para “aclarar” las vías respiratorias allá en el siglo XVI, y hoy en día, bueno....
- el cacao y su derivado chocolate
- técnicas de entretejido textil
- el caucho ("cautchuc", impermeable en nauhalt) y el látex
- la cerámica andina
- las técnicas textiles andinas
- técnicas urbanísticas
- conocimientos farmacológicos
- Nuevas palabras como huracán, macana, etc..
Debido a la propia idiosincracia de la dominación colonial, se han perdido varios avances técnicos desarrollados por las culturas precolombinas.
Entre ellos:
- el caballo, que reavivó a las comunidades cazadoras de las praderas estadounidenses hasta el siglo XIX y las de ciertos pueblos sudamericanos: mapuches, pampeanos, etc. Y con el caballo, la guarnicionería.
- la vid, de cuyas cepas descienden hoy las producciones vinícolas de Chile, Argentina y California.
- el vinagre
- las leguminosas (judías, garbanzos, lentejas, habas...)
- el arroz, almendras, ajos, cebollas, ciruelas pasas (y demás frutas secas)...
- el ganado bovino, incluyendo el toro bravo, por lo que hoy existen corridas de toros en varios países americanos.
- el trigo.
- el ganado ovino.
- sebo, alquitrán
- la rueda como elemento de trabajo y transporte, pues algunas culturas americanas ya hacían uso de ellas en juguetes y probablemente en otras áreas técnicas.
- el hierro: en España, la rejería, tanto civil como religiosa, había elevado el tratamiento del hierro a la categoría de arte, con toda clase de diseños y filigranas. La metalurgia: de Toledo, la más avanzada de Europa
- la cerámica morisca de Valencia: azulejos, vajillas, etc.
- las armas de fuego. La pólvora, que vino de China.
- el limón, originario del sudeste de Asia, fue llevado a Europa por los cruzados.
- el azúcar llevada desde Medio Oriente al entonces territorio conocido como Al-andalus.
- el lino, el cáñamo.
- la seda.
- la imprenta moderna, inventada por Gutenberg en 1449, fue llevada por los españoles a América ya en la primera mitad del siglo XVI.
- el calendario juliano, después en 1583 se instauró el calendario gregoriano.
- las arquitecturas europeas y árabes, de las que había buenos ejemplos en España: la Alhambra de Granada, la mezquita de Córdoba, Medina Azahara, los Alcázares de Sevilla..., los palacios renacentistas de Jabalquinto, en Baeza, el de Cogolludo, en Guadalajara, el palacio del Duque del Infantado, también en Guadalajara, el Colegio de Santa Cruz, en Valladolid..., e innumerables iglesias, catedrales y palacios románicos, góticos y mudéjares. La arquitectura del antiguo Egipto, similar a la precolombina, hacía mucho tiempo que se había superado en Europa (y en el mundo islámico) por soluciones más avanzadas y sofisticadas.
- capítulo aparte merecerían los castillos y monasterios medievales. Los primeros, apenas tuvieron continuidad en el Nuevo Mundo. Los monasterios, sí. Algunos, como el de Santa Catalina, en Arequipa, verdaderamente originales. Como merecería también un capítulo aparte la técnica alcanzada en la escultura por maestros como Gil de Siloé, Rodrigo Alemán, etc.
- las técnicas de jardinería: los jardines del Generalife, que datan de los siglos XII a XIV, los jardines de Aranjuez, los de Toledo, los de Sevilla...
- las técnicas de construcción de barcos de gran tonelaje, fundando modernos astilleros en Cuba y en el continente americano: Guayaquil, Panamá, etc.
- las técnicas de navegación transoceánicas
- la ballestina, utilizada en el mar desde principios del siglo XV para determinar la altura de los astros
- el astrolabio, el cuadrante, la brújula marina (una aguja magnética montada sobre balancines para que pudiera girar libremente pese a los bandazos de los buques), la ampolleta (una especie de reloj de arena), y otros instrumentos de navegación
- la cartografía
- las técnicas de explotación mineras: además de introducir implementos de hierro como picos, alzaprimas, cuñas y almádenas, los españoles inventaron técnicas de explotación minera como los molinos de ganga accionados por fuerza hidráulica, o el método de amalgama: la plata se extraía del mineral combinándola con mercurio y se la separaba de la amalgama por destilación del azague.
- conocimientos de aritmética, geometría, astronomía y música (el "quadrivium") que se enseñaban en las universidades españolas desde el siglo XIV.
- el sistema financiero: el dinero, la banca, la letra de cambio, las sociedades mercantiles, etc. Los conocimientos de economía: en el siglo XVI, la Escuela de Salamanca estaba en la primera fila de estos estudios: "Fueron los tratadistas de la Escuela de Salamanca los que, antes que el francés Jean Bodin, vieron la relación entre la abundancia de moneda, su depreciación y la correlativa carestía de los productos y servicios (...)." Pag. 252 de "El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias". Antonio Domínguez Ortiz. Por su parte, Joseph A. Schumpeter, en su clásica obra "Historia del análisis económico", se refiere a "El muy alto nivel de la economía española en el siglo XVI (...). Pag. 207 de la citada obra. Autores como Luis Ortiz ("Memorial al Rey para que no salgan los dineros de estos reinos de España", 1558), Saravia de la Calle, elaborando una teoría de los precios, Martín de Azpilicueta, que ofrece una teoría cuantitativa del dinero, Tomás Mercado, exponiendo una muy moderna interpretación del cambio internacional... son sólo algunos de los nombres que sentaron las bases de la economía en España, pero también en Europa.
- los conocimientos de medicina: desde el siglo XIII, ya había una cátedra de medicina en Salamanca (una de las universidades más antiguas de Europa). Por aquellas fechas, su titular, Gabriel Álvarez Abarca era, además, médico de los Reyes Católicos.
- los conocimientos de farmacia: en España se investigaba y desarrollaba la farmacia en la célebres "boticas". Para estar al frente de una farmacia, era necesario tener el título de Maestro Boticario, al que se accedía mediante un riguroso examen.
- hospitales: ya desde el siglo XII, el Camino de Santiago estaba jalonado de hospitales que atendían a los peregrinos y a los enfermos pobres de la localidad en la que estaban ubicados. Pero fueron los Reyes Católicos los que más impulsaron la medicina hospitalaria en toda España. Tal vez el mejor exponente de este empeño sea el Hospital de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela, fundado por ellos mismos en 1.499, hoy convertido en el Parador Nacional de Santiago.
- las técnicas hidráulicas, conocidas en España desde las épocas de las dominaciones romana y árabe: acueductos y embalses (los acueductos de Segovia y Mérida, el embalse de Proserpina, también en Mérida, etc.), canalizaciones y regadíos (la huerta de Murcia)...
- la técnica de los tapices: importantísimas fueron las colecciones de tapices de los reyes Fernando e Isabel.
- la marroquinería, el repujado, el damasquinado, la esmaltería, la azabachería, la mazonería, la orfebrería, la joyería.
- la encuadernación de libros.
- la técnica de las vidrieras, que había alcanzado su madurez en la decoración de algunas catedrales góticas de los siglos XIII y XIV (la de León, la más destacada)
- las técnicas de pintura desarrolladas durante los siglos XIV Y XV (pintura al temple, al óleo...), las técnicas del laminado del oro ("pan de oro") para recubrir retablos...
- las técnicas de entretejido: alfombras, vestidos, terciopelos, brocados... En Alcaraz, provincia de Albacete, se fabricaban desde el siglo X algunas de las mejores alfombras de Europa. Varias de ellas se conservan en el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid.
- la técnica del artesonado
- las técnicas urbanísticas: ya Fernando el Católico escribió a Nicolás de Ovando dándole instrucciones de cómo se deberían planificar las nuevas ciudades en América. Lo mismo hizo el Rey Carlos I. Pero fue Felipe II quién, en sus famosas "Ordenanzas de Poblamiento" de 1573, estableció las normas a seguir: una amplia plaza mayor, calles amplias "tiradas a cordel", edificios dentro de cuadrículas, etc. Sin duda, el mayor esfuerzo planifcador urbanístico de la Historia.
- la ingeniería militar, que se plasmó en los fuertes de San Marcos, en La Florida, el de San Carlos de Perote, el de San Felipe de Bacalar, el de San Juan de Ulúa, el recinto fortificado de Campeche, el fuerte de San Diego de Acapulco, todos ellos en México, los castillos de La Punta, de la Fuerza y el de los Tres Reyes del Morro en La Habana, el castillo de San Carlos de la Cabaña, también en Cuba, el castillo del Morro de Santiago de Cuba, la ciudad amurallada de Santo Domingo, las murallas de San Juan de Puerto Rico, el castillo de San Felipe del Morro, también en Puerto Rico, el fuerte de San Lorenzo el Real de Chagre, en Panamá, el fuerte de San Felipe en Puerto Cabello, el castillo de Araya y las fortificaciones de Cumaná, en Venezuela, el fuerte de San Felipe de Barajas en Cartagena de Indias, Colombia, la fortaleza del Real Felipe del Callao, en Perú, el recinto fortificado del castillo de Niebla, en Chile, etc.
- la ingeniería civil: innumerables puentes, puertos, canales y calzadas.
- las Universidades, como instrumentos de transmisión de conocimientos: ya en el siglo XVI, se fundaron las de Santo Domingo, México y Lima
- escritura: la gramática de Antonio de Nebrija de 1492, la primera gramática europea desde la antigua Roma, que serviría de modelo para las de otras lenguas, marcó un hito en la maduración del castellano. Pero ese año, en España, también se escribía (y se hablaba) en latín, gallego y catalán.
- productos asiáticos (manufacturas de seda, especias, porcelanas, marfiles, etc.)
Aportes Americanos
Los españoles llevaron al que denominaban Viejo Mundo (Europa, Asia y África) una serie de elementos técnicos desarrollados por las culturas precolombinas.
Entre ellos:
- Las civilizaciones mesoamericanas desarrollaron unas matemáticas avanzadas. Utilizándolas, los religiosos hispanos mejoraron el calendario gregoriano.
- el maíz
- el tomate, que se volvería fundamental en la cocina italiana
- la papa, al principio una planta ornamental y más tarde salvaría de la muerte a miles de europeos, sin olvidar a los irlandeses (que apenas eran considerados semi-humanos por los ingleses)
- la batata
- la vainilla
- el pimiento, que se volvió esencial en la comida tailandesa e india.
- el tabaco, algunos médicos lo recomendaban para “aclarar” las vías respiratorias allá en el siglo XVI, y hoy en día, bueno....
- el cacao y su derivado chocolate
- técnicas de entretejido textil
- el caucho ("cautchuc", impermeable en nauhalt) y el látex
- la cerámica andina
- las técnicas textiles andinas
- técnicas urbanísticas
- conocimientos farmacológicos
- Nuevas palabras como huracán, macana, etc..
Debido a la propia idiosincracia de la dominación colonial, se han perdido varios avances técnicos desarrollados por las culturas precolombinas.
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viernes, 28 de enero de 2011
El caso Antonio Pérez
Hijo de Gonzalo Pérez, antiguo clérigo y secretario de Carlos I, nació Antonio cerca de Madrid en 1540, en circunstancias familiares nunca bien aclaradas. Tras pasar por varias universidades, se integró activamente en la vida política de la Corte, alineándose con los partidarios del príncipe de Éboli, enfrentado al Duque de Alba.
A los 28 años, vencedor en la espesa maraña de confabulaciones e intrigas que rodeaban al rey, logró hacerse con el cargo de secretario de Estado. Ello le convirtió en un personaje todopoderoso, rodeado de solicitantes de toda índole y acreedor a los más poderosos enemigos.
La oscura muerte de Juan de Escobedo, secretario de Don Juan de Austria, en marzo de 1578, desencadenaría un proceso que se haría célebre. Acusados de este crimen, Pérez y la princesa de Éboli fueron condenados a prisión pero, mientras ésta se veía encerrada de por vida, aquél seguiría ejerciendo durante cinco años su cargo. Resulta hoy claro que los intereses comunes que les unían no eran de carácter amoroso –como apuntaba la voz popular– sino políticos y económicos.
En 1585 le fueron abiertos a Pérez dos procesos, por cohecho y traición. En julio de 1590, poco antes de cumplirse la pena capital a que fue condenado, consiguió fugarse de la cárcel. Con ello se abría uno de los episodios más emblemáticos, difundidos y discutidos, pero nunca totalmente aclarados, del reinado. Invocando su calidad de aragonés originario, se acogió a los fueros de este Reino, solicitando protección frente a una presuntamente injusta persecución. La Corte reaccionó acusándole de crimen de lesa majestad, pero la autoridad judicial aragonesa no concedió una extradición solicitada por un tribunal castellano.
La identificación del caso Pérez con el particularismo legal aragonés se había ya producido, alentada por interesados sectores. La argucia de Felipe II de acusarle de herejía, lo que le ponía en manos de la Inquisición, tampoco fue efectiva y solamente sirvió –mayo de 1591– para encender el motín entre la población de Zaragoza.
Convertida la cuestión judicial en asunto de Estado, el rey no dudó en lanzar a sus tropas sobre la capital aragonesa. Lanuza, justicia mayor del Reino, fue ejecutado
como medida ejemplarizante, en una acción que ha sido tradicionalmente interpretada –sin el rigor necesario– como el dramático fin de una lucha de las libertades aragonesas frente a una monarquía tiránica.
Pérez, refugiado en Francia, se benefició de la tensión existente entre los dos países hasta morir en París –1611– en miserables condiciones. En sus primeros años de exilio publicó una serie de folletos virulentamente antifilipinos e incluso anticastellanos, que servirían de base para la elaboración de la Leyenda Negra
A los 28 años, vencedor en la espesa maraña de confabulaciones e intrigas que rodeaban al rey, logró hacerse con el cargo de secretario de Estado. Ello le convirtió en un personaje todopoderoso, rodeado de solicitantes de toda índole y acreedor a los más poderosos enemigos.
La oscura muerte de Juan de Escobedo, secretario de Don Juan de Austria, en marzo de 1578, desencadenaría un proceso que se haría célebre. Acusados de este crimen, Pérez y la princesa de Éboli fueron condenados a prisión pero, mientras ésta se veía encerrada de por vida, aquél seguiría ejerciendo durante cinco años su cargo. Resulta hoy claro que los intereses comunes que les unían no eran de carácter amoroso –como apuntaba la voz popular– sino políticos y económicos.
En 1585 le fueron abiertos a Pérez dos procesos, por cohecho y traición. En julio de 1590, poco antes de cumplirse la pena capital a que fue condenado, consiguió fugarse de la cárcel. Con ello se abría uno de los episodios más emblemáticos, difundidos y discutidos, pero nunca totalmente aclarados, del reinado. Invocando su calidad de aragonés originario, se acogió a los fueros de este Reino, solicitando protección frente a una presuntamente injusta persecución. La Corte reaccionó acusándole de crimen de lesa majestad, pero la autoridad judicial aragonesa no concedió una extradición solicitada por un tribunal castellano.
La identificación del caso Pérez con el particularismo legal aragonés se había ya producido, alentada por interesados sectores. La argucia de Felipe II de acusarle de herejía, lo que le ponía en manos de la Inquisición, tampoco fue efectiva y solamente sirvió –mayo de 1591– para encender el motín entre la población de Zaragoza.
Convertida la cuestión judicial en asunto de Estado, el rey no dudó en lanzar a sus tropas sobre la capital aragonesa. Lanuza, justicia mayor del Reino, fue ejecutado
como medida ejemplarizante, en una acción que ha sido tradicionalmente interpretada –sin el rigor necesario– como el dramático fin de una lucha de las libertades aragonesas frente a una monarquía tiránica.
Pérez, refugiado en Francia, se benefició de la tensión existente entre los dos países hasta morir en París –1611– en miserables condiciones. En sus primeros años de exilio publicó una serie de folletos virulentamente antifilipinos e incluso anticastellanos, que servirían de base para la elaboración de la Leyenda Negra
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Los Éboli, un grupo de presión
Rui Gómez de Silva, hijo de pequeños nobles portugueses venidos a España con la futura emperatriz Isabel, había nacido en 1516. Vivió en la corte de Carlos V y se situó de forma muy conveniente al lado del príncipe Felipe, para el que se convertiría en un hombre imprescindible.
Cuando éste accedió al trono, Rui Gómez mantenía con él –y conservaría hasta su muerte en 1573– lo que Marañón ha calificado de “la más espontánea y duradera cortesía”.
En 1552 contrajo matrimonio con Ana Mendoza de la Cerda, de linajudo origen. Matrimonio que no fue consumado, segun testigos del momento, hasta siete años más tarde, debido a las ausencias que su servicio al rey le imponía.
Permanentemente enfrentado al Duque de Alba, Éboli se distinguió en su apoyo a posturas belicistas en política exterior. Encabezó en la corte un poderosísimo grupo de presión que tuvo una enorme influencia sobre el monarca y del que formaban parte el príncipe Don Carlos, Don Juan de Austria y Alejandro Farnesio.
Protección especial de Éboli recibiría siempre Antonio Pérez, el controvertido secretario del rey.
Ana Mendoza, de extremoso y difícil carácter, aparecía como contrapartida a la sensatez y discreción de su marido. Nacida en 1540, tuvo con él diez hijos, cuyo cuidado no le impidió mantener una activa vida cortesana.
En 1573, a la muerte de Éboli, se retiró a un convento de Pastrana, de donde regresó de inmediato a la vida mundanal. A partir de entonces, su trayectoria adquiere los tintes más novelescos. Entre rumores de sus amoríos con Pérez y con el propio rey –de los que se haría eco la misma Teresa de Jesús– la princesa protagonizó episodios que unían las intrigas domésticas, la alta política internacional y los más concretos intereses económicos.
En julio de 1579, fue arrestada –acusada de traición– al mismo tiempo que Antonio Pérez. A partir de este momento, su existencia estaría jalonada por los lugares donde cumplió prisión: las fortalezas de Pinto y Santorcaz y su palacio de Pastrana.

Vista actual de la torre de Pinto
El disfavor real le privó tanto de la tutoría de sus hijos como de la administración de sus bienes, tras verse condenada sin proceso ni defensa. En aislamiento casi absoluto, murió en febrero de 1592.
Cuando éste accedió al trono, Rui Gómez mantenía con él –y conservaría hasta su muerte en 1573– lo que Marañón ha calificado de “la más espontánea y duradera cortesía”.
En 1552 contrajo matrimonio con Ana Mendoza de la Cerda, de linajudo origen. Matrimonio que no fue consumado, segun testigos del momento, hasta siete años más tarde, debido a las ausencias que su servicio al rey le imponía.
Permanentemente enfrentado al Duque de Alba, Éboli se distinguió en su apoyo a posturas belicistas en política exterior. Encabezó en la corte un poderosísimo grupo de presión que tuvo una enorme influencia sobre el monarca y del que formaban parte el príncipe Don Carlos, Don Juan de Austria y Alejandro Farnesio.
Protección especial de Éboli recibiría siempre Antonio Pérez, el controvertido secretario del rey.
Ana Mendoza, de extremoso y difícil carácter, aparecía como contrapartida a la sensatez y discreción de su marido. Nacida en 1540, tuvo con él diez hijos, cuyo cuidado no le impidió mantener una activa vida cortesana.
En 1573, a la muerte de Éboli, se retiró a un convento de Pastrana, de donde regresó de inmediato a la vida mundanal. A partir de entonces, su trayectoria adquiere los tintes más novelescos. Entre rumores de sus amoríos con Pérez y con el propio rey –de los que se haría eco la misma Teresa de Jesús– la princesa protagonizó episodios que unían las intrigas domésticas, la alta política internacional y los más concretos intereses económicos.
En julio de 1579, fue arrestada –acusada de traición– al mismo tiempo que Antonio Pérez. A partir de este momento, su existencia estaría jalonada por los lugares donde cumplió prisión: las fortalezas de Pinto y Santorcaz y su palacio de Pastrana.

Vista actual de la torre de Pinto
El disfavor real le privó tanto de la tutoría de sus hijos como de la administración de sus bienes, tras verse condenada sin proceso ni defensa. En aislamiento casi absoluto, murió en febrero de 1592.
jueves, 27 de enero de 2011
Terror del Diablo
El año del Señor de mil y quinientos y veinte y nueve conoció un gran infortunio para las gentes del Rey de España.
En la primavera, “Terror del Diablo”, un renegado cristiano antes conocido como Aidin, y nombrado “Terror de los españoles” por los moros y por su aliados los malditos franceses, se hizo a la mar en una de aquellas terribles expediciones de corso contra las costas cristianas en las Baleares.
Después de haber hecho las habituales presas, incluyendo algunas embarcaciones y gran número de esclavos, recibió la información de que en Oliva, pequeño pueblo de la costa valenciana, se encontraban algunos moriscos que ofrecían pagar una suma considerable al que facilitase su fuga de España.
Llegado a la altura de Oliva, “Terror del Diablo” embarcó la misma noche doscientas familias moriscas; luego tomó rumbo a la isla de Formentera. Apenas desaparecido el corsario, se presentó en aguas valencianas el general Portando con ocho galeras españolas; el cual, al enterarse de lo sucedido se dirigió hacia las Baleares para dar caza al pirata. “Terror del Diablo”, encontrando dificultades en maniobrar su buque sobrecargado, ordenó desembarcar a los refugiados y se preparó para la desigual batalla. Ocho galeras españolas contra cuatro galeras (tres capturadas en días recientes).
Las galeras españolas se aproximaron; mas ¡cual no sería la estupefacción de los argelinos cuando las vieron pasar sin disparar un solo cañonazo!. El español se había abstenido de combatir, porque esperaba negociar un rescate de diez mil ducados con los dueños de los moriscos, devolviéndolos ilesos, y temía ahogar a los fugitivos si soltaba una andanada de su poderosa artillería sobre sus detentadotes. Los corsarios, imputando la vacilación del adversrio a la cobardía, pasaron inmediatamente a la ofensiva, y remando con furia, saltaron sobre el enemigo como águilas, cercando las ocho galeras antes de que los aturdidos españoles se hubiesen dado cuenta de lo que sucedía.
En un abrir y cerrar de ojos, el general Portando caía muerto, siete galeras se habían entregado y la última huía a toda velocidad para ponerse en salvo en Ibiza, a pocas millas del teatro de la batalla.
Entonces, los corsarios reembarcaron a las doscientas familias que desde la orilla habían presenciado con ansiedad cada fase de la lucha; y habiendo libertado a cientos de esclavos musulmanes encadenados en los bancos de remos, reemplazándolos con los cristianos supervivientes, regresaron a Argel.
“Terror del Diablo” había partido apenas un mes antes con una sola galera. Volvía con 10 galeras y 3 embarcaciones menores, doscientas familias moriscas, varios cientos de musulmanes rescatados de los remos y varios cientos de nuevos esclavos cristianos.
El recibimiento fue apoteósico.
En la primavera, “Terror del Diablo”, un renegado cristiano antes conocido como Aidin, y nombrado “Terror de los españoles” por los moros y por su aliados los malditos franceses, se hizo a la mar en una de aquellas terribles expediciones de corso contra las costas cristianas en las Baleares.
Después de haber hecho las habituales presas, incluyendo algunas embarcaciones y gran número de esclavos, recibió la información de que en Oliva, pequeño pueblo de la costa valenciana, se encontraban algunos moriscos que ofrecían pagar una suma considerable al que facilitase su fuga de España.
Llegado a la altura de Oliva, “Terror del Diablo” embarcó la misma noche doscientas familias moriscas; luego tomó rumbo a la isla de Formentera. Apenas desaparecido el corsario, se presentó en aguas valencianas el general Portando con ocho galeras españolas; el cual, al enterarse de lo sucedido se dirigió hacia las Baleares para dar caza al pirata. “Terror del Diablo”, encontrando dificultades en maniobrar su buque sobrecargado, ordenó desembarcar a los refugiados y se preparó para la desigual batalla. Ocho galeras españolas contra cuatro galeras (tres capturadas en días recientes).
Las galeras españolas se aproximaron; mas ¡cual no sería la estupefacción de los argelinos cuando las vieron pasar sin disparar un solo cañonazo!. El español se había abstenido de combatir, porque esperaba negociar un rescate de diez mil ducados con los dueños de los moriscos, devolviéndolos ilesos, y temía ahogar a los fugitivos si soltaba una andanada de su poderosa artillería sobre sus detentadotes. Los corsarios, imputando la vacilación del adversrio a la cobardía, pasaron inmediatamente a la ofensiva, y remando con furia, saltaron sobre el enemigo como águilas, cercando las ocho galeras antes de que los aturdidos españoles se hubiesen dado cuenta de lo que sucedía.
En un abrir y cerrar de ojos, el general Portando caía muerto, siete galeras se habían entregado y la última huía a toda velocidad para ponerse en salvo en Ibiza, a pocas millas del teatro de la batalla.
Entonces, los corsarios reembarcaron a las doscientas familias que desde la orilla habían presenciado con ansiedad cada fase de la lucha; y habiendo libertado a cientos de esclavos musulmanes encadenados en los bancos de remos, reemplazándolos con los cristianos supervivientes, regresaron a Argel.
“Terror del Diablo” había partido apenas un mes antes con una sola galera. Volvía con 10 galeras y 3 embarcaciones menores, doscientas familias moriscas, varios cientos de musulmanes rescatados de los remos y varios cientos de nuevos esclavos cristianos.
El recibimiento fue apoteósico.
miércoles, 26 de enero de 2011
Barbarroja en Tolón
En 1543, Francisco I, el rey cristianísimo de Francia, firmó su primera alianza con Solimán de Estambul, y Jeredín (Kair-ed Din) Barbarroja fue enviado a Marsella.
Jeredín, de camino, alcanzó algunas presas, pero parecía decidido a atenerse estrictamente a su misión, cuando el gobernador de Regio, puerto del estrecho de Mesina, cometió la imprudencia de disparar un cañonazo sobre la armada otomana, gesto que exasperó al irascible capitán bajá en grado tal que contrariamente a sus intenciones desembarcó doce mil hombres, sometiendo la ciudad a un bombardeo tan enérgico que a poco tiempo la obligó a abrirle sus puertas.
Como de costumbre, Barbarroja se llevó gran número de cautivos; pero esta vez él mismo fue hecho prisionero. Entre las mujeres capturadas se hallaba la hija del gobernador; una encantadora joven de 18 años. El corsario se enamoró de ella hasta el punto de convertirla en su esposa, pese a su edad que la tradición fija en 90 años, ofreciéndole, como regalo de bodas, la libertad de sus padres.
Los primeros días de su luna de miel tuvieron por teatro la ciudad de Civitavecchia, donde la recién casada pudo asistir por vez primera a una incursión de corsarios berberiscos en gran escala.
A continuación, Jeredín se dirigió a Marsella, donde le esperaba una recepción triunfal. En honor de Barbarroja fue arriado el pabellón del almirantazgo francés, la bandera de Nuestra Señora, y se izó en su lugar la Media Luna.
Terminadas las ceremonias, el corsario, sintiendo gran aburrimiento, salió para Niza, que por entonces formaba parte del ducado de Saboya y donde pasó algunos días sin gran provecho, gracias a la encarnizada defensa puesta en pie por Paolo Simeón, caballero de Malta y antiguo prisionero de Jeredín. Entonces se instaló sobre la costa de Tolón, donde él y sus hombres se mostraron como los huéspedes más onerosos y los menos agradables para sus aliados. Entre los cientos de esclavos que remaban en sus galeras, había numerosos franceses, y era natural que sus aliados le pidiesen la libertad de estos. No solamente Barbarroja se negó a soltarlos, aunque morían como las moscas víctimas de la peste, sino que reemplazó a los muertos emprendiendo golpes de mano contra las vecinas aldeas francesas. Y cuando los pobres diablos exhalaban su último suspiro, se oponía a que tocasen las campanas para llamar a los devotos a misa: a sus ojos el carrillo era “el instrumento de música del Diablo”.
Para colmo, dejó a cargo del tesoro francés los gastos de alimentación y los sueldos de sus tripulantes. De cuando en cuando, se dignó enviar al mar una escuadra para fastidiar al Rey de España, fingiendo cumplir así con los términos de su misión. Prolongaba su estancia en Tolón “ocupado perezosamente en vaciar las arcas del rey de Francia”.
Finalmente, a los franceses se les agotó la paciencia. Aquella visita les costaba demasiado caro. Pero la despedida de Barbarroja tampoco resultó barata, puesto que antes de emprender el camino de vuelta, cobró una cuantiosa suma para sí mismo y para pagar los sueldos de sus hombres hasta el regreso al Bósforo, como también para rescatar a 400 esclavos musulmanes que remaban en las galeras francesas.
Este fue su último viaje, pasó el resto de sus días construyendo una magnífica mezquita y un sepulcro monumental, del que tuvo necesidad en julio de 1546.
Durante muchos años después de su muerte, ningún barco otomano salía del Cuerno de Oro sin un rezo y un saludo al más grande marino turco y más poderoso pirata del Mediterráneo.
Jeredín, de camino, alcanzó algunas presas, pero parecía decidido a atenerse estrictamente a su misión, cuando el gobernador de Regio, puerto del estrecho de Mesina, cometió la imprudencia de disparar un cañonazo sobre la armada otomana, gesto que exasperó al irascible capitán bajá en grado tal que contrariamente a sus intenciones desembarcó doce mil hombres, sometiendo la ciudad a un bombardeo tan enérgico que a poco tiempo la obligó a abrirle sus puertas.
Como de costumbre, Barbarroja se llevó gran número de cautivos; pero esta vez él mismo fue hecho prisionero. Entre las mujeres capturadas se hallaba la hija del gobernador; una encantadora joven de 18 años. El corsario se enamoró de ella hasta el punto de convertirla en su esposa, pese a su edad que la tradición fija en 90 años, ofreciéndole, como regalo de bodas, la libertad de sus padres.
Los primeros días de su luna de miel tuvieron por teatro la ciudad de Civitavecchia, donde la recién casada pudo asistir por vez primera a una incursión de corsarios berberiscos en gran escala.
A continuación, Jeredín se dirigió a Marsella, donde le esperaba una recepción triunfal. En honor de Barbarroja fue arriado el pabellón del almirantazgo francés, la bandera de Nuestra Señora, y se izó en su lugar la Media Luna.
Terminadas las ceremonias, el corsario, sintiendo gran aburrimiento, salió para Niza, que por entonces formaba parte del ducado de Saboya y donde pasó algunos días sin gran provecho, gracias a la encarnizada defensa puesta en pie por Paolo Simeón, caballero de Malta y antiguo prisionero de Jeredín. Entonces se instaló sobre la costa de Tolón, donde él y sus hombres se mostraron como los huéspedes más onerosos y los menos agradables para sus aliados. Entre los cientos de esclavos que remaban en sus galeras, había numerosos franceses, y era natural que sus aliados le pidiesen la libertad de estos. No solamente Barbarroja se negó a soltarlos, aunque morían como las moscas víctimas de la peste, sino que reemplazó a los muertos emprendiendo golpes de mano contra las vecinas aldeas francesas. Y cuando los pobres diablos exhalaban su último suspiro, se oponía a que tocasen las campanas para llamar a los devotos a misa: a sus ojos el carrillo era “el instrumento de música del Diablo”.
Para colmo, dejó a cargo del tesoro francés los gastos de alimentación y los sueldos de sus tripulantes. De cuando en cuando, se dignó enviar al mar una escuadra para fastidiar al Rey de España, fingiendo cumplir así con los términos de su misión. Prolongaba su estancia en Tolón “ocupado perezosamente en vaciar las arcas del rey de Francia”.
Finalmente, a los franceses se les agotó la paciencia. Aquella visita les costaba demasiado caro. Pero la despedida de Barbarroja tampoco resultó barata, puesto que antes de emprender el camino de vuelta, cobró una cuantiosa suma para sí mismo y para pagar los sueldos de sus hombres hasta el regreso al Bósforo, como también para rescatar a 400 esclavos musulmanes que remaban en las galeras francesas.
Este fue su último viaje, pasó el resto de sus días construyendo una magnífica mezquita y un sepulcro monumental, del que tuvo necesidad en julio de 1546.
Durante muchos años después de su muerte, ningún barco otomano salía del Cuerno de Oro sin un rezo y un saludo al más grande marino turco y más poderoso pirata del Mediterráneo.
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martes, 25 de enero de 2011
El primer ataque de Barbarroja
El año 1504 marca la primera incursión a gran escala de los piratas berberiscos, suma de los habitantes del norte de África más los musulmanes expulsados pocos años antes de España. Esta incursión sembró en todo la Cristiandad una alarma no menos grande que el avance de los turcos por el valle del Danubio.
El Papa Julio II había enviado dos de sus más grandes galeras de guerra, poderosamente armadas, con la misión de escoltar en envío de valiosas mercancías de Génova a Civitavecchia. El buque que iba a la cabeza navegando varias millas delante y fuera de la vista del otro, costeaba la isla de Elba cuando de pronto vió aparecer una galeota. No teniendo motivos para sospechar, prosiguió su ruta con toda tranquilidad. El capitán, Paolo Víctor, no tení por qué temer la presencia de piratas en aquellos parajes, y de cualquier modo no solían atacar sino a barcos pequeños. Pero bruscamente, la galeota arrumbó hacia la galera papal, y el italiano vió que su puente hormigueaba de turbantes.. Sin que se oyese un grito y aún antes de que la galera tuviese tiempo para defenderse una lluvia de flechas y otros proyectiles se abatió sobre su puente obstruído de mercancías, y algunos instantes más tarde los moros se lanzaban al abordaje, conducidos por un jefe rechoncho, distinguido por una barba de un rojo llameante. En un abrir y cerrar de ojos, la galera estaba capturada, y los supervivientes se veían empujados como ganado al fondo de la bodega.
Entonces, el capitán de la barba roja puso en ejecución la segunda parte de su programa, la captura de la otra galera papal. Algunos de sus hombres pusieron objeciones a esta tentativa: la tarea de guardar la presa tomada parecía suficiente. Con ademán imperioso, el jefe les impuso silencio; ya tenía combinado un plan para valerse de su primera victoria como medio de ganar una segunda.
Hizo desnudarse a los prisioneros y disfrazó con sus ropas a sus propios hombres, los colocó en puestos muy visibles por toda la galera; después tomó la galeota a remolque, haciendo creer a los marinos del otro buque papal que sus compañeros habían hecho una presa. El simple ardid tuvo éxito. El segundo buque se aproximó con gritos de júbilo por parte de la tripulación. De pronto, una granizada deflechas y piedras los dejó mudos por un instante; gritos de abordaje, y al cabo de unos minutos, los marinos cristianos se hallaban encadenados a sus propios remos, reemplazando a los esclavos puestos en libertad.
En menos de dos horas, las tres naves pusieron rumbo a Túnez.
Esta fue la primera aparición de Arudj-el-Din, conocido como Barbarroja, el mayor de dos hermanos, hijos de un alfarero griego de la isla de Mitilene, que iniciarían una de las sagas familiares más sangrientas de la piratería de la edad moderna.
El rey Fernando de Aragón, ahora reconocido jefe de la Cristiandad, y en su calidad de soberano consorte de la potencia naval más grande del mundo conocido y, a la vez, la mayor víctima de los piratas, asumió la responsabilidad de domar a los antiguos amos de España. Bloqueó, a la cabeza de una poderosa armada, la costa africana, y ala cabo de dos años, 1509-1510, logró reducir Orán, Bugía y Argel, las tres principales fortalezas de los piratas berberiscos. Al firmar la paz, los argelinos aceptaron pagar al rey católico, como garantía de su futura buena conducta, un tributo anual, y Fernando tuvo cuidado de robustecer tal garantía construyendo una sólida fortaleza en la isla del Peñón, frente al puerto de Argel.

Imagen de Argel en el s. XVI, con el fuerte español en primer lugar
A la muerte del rey Católico, en 1516, los argelinos se atrevieron a atacar el fuerte del Peñón. Ante la insuficiencia de recursos por parte argelina, estos invitaron a Arudj Barbarroja a unirse al ataque. Este aceptó de buena gana, llegó acompañado por su hermano Kair-ed-din, el Jeredín Barbarroja de las crónicas cristianas, quién pronto le sucedería superando su fama.
Arudj, viendo la debilidad de los argelinos, estranguló al bey de Argel y tomó para sí todo el poder de la ciudad, convirtiéndose, nominalmente, en vasallo del sultán de Estambul.
La reducida guarnición española del Peñón continuó sosteniendose. Una armada enviada por el regente cardenal Ximénez de Cisneros, en 1517, fue derrotada; los moros pusieron en fuga a siete mil veteranos españoles, en tanto que la escuadra se hundió destrozada por un tormenta. La guarnición no desfalleció y siguió resistiendo. Los moros no pudieron tomarla hasta 1529, después de ¡13 años! de asedio continuado.
El Papa Julio II había enviado dos de sus más grandes galeras de guerra, poderosamente armadas, con la misión de escoltar en envío de valiosas mercancías de Génova a Civitavecchia. El buque que iba a la cabeza navegando varias millas delante y fuera de la vista del otro, costeaba la isla de Elba cuando de pronto vió aparecer una galeota. No teniendo motivos para sospechar, prosiguió su ruta con toda tranquilidad. El capitán, Paolo Víctor, no tení por qué temer la presencia de piratas en aquellos parajes, y de cualquier modo no solían atacar sino a barcos pequeños. Pero bruscamente, la galeota arrumbó hacia la galera papal, y el italiano vió que su puente hormigueaba de turbantes.. Sin que se oyese un grito y aún antes de que la galera tuviese tiempo para defenderse una lluvia de flechas y otros proyectiles se abatió sobre su puente obstruído de mercancías, y algunos instantes más tarde los moros se lanzaban al abordaje, conducidos por un jefe rechoncho, distinguido por una barba de un rojo llameante. En un abrir y cerrar de ojos, la galera estaba capturada, y los supervivientes se veían empujados como ganado al fondo de la bodega.
Entonces, el capitán de la barba roja puso en ejecución la segunda parte de su programa, la captura de la otra galera papal. Algunos de sus hombres pusieron objeciones a esta tentativa: la tarea de guardar la presa tomada parecía suficiente. Con ademán imperioso, el jefe les impuso silencio; ya tenía combinado un plan para valerse de su primera victoria como medio de ganar una segunda.
Hizo desnudarse a los prisioneros y disfrazó con sus ropas a sus propios hombres, los colocó en puestos muy visibles por toda la galera; después tomó la galeota a remolque, haciendo creer a los marinos del otro buque papal que sus compañeros habían hecho una presa. El simple ardid tuvo éxito. El segundo buque se aproximó con gritos de júbilo por parte de la tripulación. De pronto, una granizada deflechas y piedras los dejó mudos por un instante; gritos de abordaje, y al cabo de unos minutos, los marinos cristianos se hallaban encadenados a sus propios remos, reemplazando a los esclavos puestos en libertad.
En menos de dos horas, las tres naves pusieron rumbo a Túnez.
Esta fue la primera aparición de Arudj-el-Din, conocido como Barbarroja, el mayor de dos hermanos, hijos de un alfarero griego de la isla de Mitilene, que iniciarían una de las sagas familiares más sangrientas de la piratería de la edad moderna.
El rey Fernando de Aragón, ahora reconocido jefe de la Cristiandad, y en su calidad de soberano consorte de la potencia naval más grande del mundo conocido y, a la vez, la mayor víctima de los piratas, asumió la responsabilidad de domar a los antiguos amos de España. Bloqueó, a la cabeza de una poderosa armada, la costa africana, y ala cabo de dos años, 1509-1510, logró reducir Orán, Bugía y Argel, las tres principales fortalezas de los piratas berberiscos. Al firmar la paz, los argelinos aceptaron pagar al rey católico, como garantía de su futura buena conducta, un tributo anual, y Fernando tuvo cuidado de robustecer tal garantía construyendo una sólida fortaleza en la isla del Peñón, frente al puerto de Argel.

Imagen de Argel en el s. XVI, con el fuerte español en primer lugar
A la muerte del rey Católico, en 1516, los argelinos se atrevieron a atacar el fuerte del Peñón. Ante la insuficiencia de recursos por parte argelina, estos invitaron a Arudj Barbarroja a unirse al ataque. Este aceptó de buena gana, llegó acompañado por su hermano Kair-ed-din, el Jeredín Barbarroja de las crónicas cristianas, quién pronto le sucedería superando su fama.
Arudj, viendo la debilidad de los argelinos, estranguló al bey de Argel y tomó para sí todo el poder de la ciudad, convirtiéndose, nominalmente, en vasallo del sultán de Estambul.
La reducida guarnición española del Peñón continuó sosteniendose. Una armada enviada por el regente cardenal Ximénez de Cisneros, en 1517, fue derrotada; los moros pusieron en fuga a siete mil veteranos españoles, en tanto que la escuadra se hundió destrozada por un tormenta. La guarnición no desfalleció y siguió resistiendo. Los moros no pudieron tomarla hasta 1529, después de ¡13 años! de asedio continuado.
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domingo, 23 de enero de 2011
Así se las ponían a.....
En nuestros días este dicho termina adjudicado a diversos reyes, que si Felipe IV con la caza, que si Carlos IV con el mismo pasatiempo, que si Fernando VII, el rey felón.
Y es con éste último con quién se originó el dicho, debido a su gran afición al juego del billar. Esta afición le venía de familia, pues el juego se había extendido por Francia, nación de origen de la dinastía de Borbón, ya desde el siglo XVI. A Luis XIV, el rey Sol, hacia 1700 le recomendaban los médicos jugar todas las tardes una partida de billar para facilitar la digestión.
El Rey disponía de salas de billar en sus residencias y gustaba mucho del juego. De esta afición derivó el dicho popular “Así se las ponían a Fernando VII”, que alude a cómo los contrincantes del rey procuraban dejar las bolas cerca de los agujeros para facilitarle al tarea al rey.
El pueblo llano adoptó el apelativo de “pelota” para esos cortesanos que jugaban con el rey
Y es con éste último con quién se originó el dicho, debido a su gran afición al juego del billar. Esta afición le venía de familia, pues el juego se había extendido por Francia, nación de origen de la dinastía de Borbón, ya desde el siglo XVI. A Luis XIV, el rey Sol, hacia 1700 le recomendaban los médicos jugar todas las tardes una partida de billar para facilitar la digestión.
El Rey disponía de salas de billar en sus residencias y gustaba mucho del juego. De esta afición derivó el dicho popular “Así se las ponían a Fernando VII”, que alude a cómo los contrincantes del rey procuraban dejar las bolas cerca de los agujeros para facilitarle al tarea al rey.
El pueblo llano adoptó el apelativo de “pelota” para esos cortesanos que jugaban con el rey
Boston Tea Party
Motín del té de Boston
Está de actualidad, y no solo por la matanza de Tucson, el nombre de los Tea Party. Desde la óptica cerrada de los estadounidenses más apegados al terruño significa libertad y autodeterminación, aunque esta palabra suene muy izquierdosa para un yanqui.
No taxation without representation (No a los impuestos sin representación parlamentaria) fue el lema que encabezó las protestas de los colonos ingleses de los trece iniciales estados norteamericanos contra la Stamp Act (Ley del Timbre) de 1765 y las Townshend Acts (Leyes de Townshend) que establecieron impuestos a las colonias sin autorización parlamentaria, contraviniendo el principio de legalidad establecido en la histórica Carta Magna.
La irritación de los colonos llevó a la creación de grupos rebeldes como los Sons of Liberty (Hijos de la Libertad) que, clandestinamente, organizaban boicots contra la, a su juicio, injusta imposición del gobierno inglés.
La gota que colmó el vaso fue la aprobación por el gobierno británico del Tea Act, disposición legal que otorgaba a la deficitaria Compañía de las Indias Orientales la exención de impuestos sobre la venta y distribución del té en las colonias. Este trato de favor permitía a la Compañía proporcionar a los consumidores una sustancial rebaja en los precios del té que entraba, en colisión con el ofrecido por los acaudalados colonos contrabandistas de té holandés quienes, paradójicamente, se pusieron del lado del principio de legalidad y organizaron protestas y algaradas para conseguir la revocación de la citada ley.
De todas las revueltas organizadas fue - por su originalidad y pintoresquismo - la llevada a cabo en Boston, el día 16 de diciembre de 1773 la que pasaría - con el nombre de Boston Tea Party - a la historia de los Estados Unidos.
Así, a finales de noviembre de 1773, tres barcos de la Compañía Británica de las Indias Orientales atracaron en el puerto de Boston con la intención de descargar un importante cargamento de té. Infructuoso propósito, ya que durante más de una quincena los bostonianos espoleados por, entre otros, Samuel Adams y John Hancock (futuros padres de los Estados Unidos) invadieron multitudinariamente los muelles para impedir que se procediera a la descarga y distribución de la mercancía.
Mientras, durante la siguiente quincena, los Sons of Liberty planeaban en secreto y minuciosamente un golpe de efecto como desafío a la autoridad británica.
Así, la noche del 16 de diciembre se convocó una Asamblea de Protesta a la que acudieron más de 8.000 personas. Durante su transcurso, un centenar de Hijos de la libertad, ataviados como indios Mohawk, la abandonaron con sigilo para - armados con hachas y cuchillos - abordar los buques y, en menos de tres horas, tirar a la bahía de Boston 45 toneladas de hojas de té.
A pesar de las inevitables represalias inglesas (acciones punitivas, declaración del estado de excepción), el extravagante acto de rebelión inspiró acciones similares en el resto de los estados, y no tardó en adquirir la categoría de simbólico. Hoy en día se considera como un acto precursor de los sucesos que culminarían, tan solo seis años más tarde, en la histórica Declaración de Independencia de los Estados Unidos.
Resulta irónico, y muy inglés, que el acto de sabotaje realizado por unos contrabandistas contra una ley injusta (según ellos) diera lugar a la creación de un nuevo país que se arrogará en el futuro la defensa de la libertad y de la razón ante los déspotas de este mundo.
Está de actualidad, y no solo por la matanza de Tucson, el nombre de los Tea Party. Desde la óptica cerrada de los estadounidenses más apegados al terruño significa libertad y autodeterminación, aunque esta palabra suene muy izquierdosa para un yanqui.
No taxation without representation (No a los impuestos sin representación parlamentaria) fue el lema que encabezó las protestas de los colonos ingleses de los trece iniciales estados norteamericanos contra la Stamp Act (Ley del Timbre) de 1765 y las Townshend Acts (Leyes de Townshend) que establecieron impuestos a las colonias sin autorización parlamentaria, contraviniendo el principio de legalidad establecido en la histórica Carta Magna.
La irritación de los colonos llevó a la creación de grupos rebeldes como los Sons of Liberty (Hijos de la Libertad) que, clandestinamente, organizaban boicots contra la, a su juicio, injusta imposición del gobierno inglés.
La gota que colmó el vaso fue la aprobación por el gobierno británico del Tea Act, disposición legal que otorgaba a la deficitaria Compañía de las Indias Orientales la exención de impuestos sobre la venta y distribución del té en las colonias. Este trato de favor permitía a la Compañía proporcionar a los consumidores una sustancial rebaja en los precios del té que entraba, en colisión con el ofrecido por los acaudalados colonos contrabandistas de té holandés quienes, paradójicamente, se pusieron del lado del principio de legalidad y organizaron protestas y algaradas para conseguir la revocación de la citada ley.
De todas las revueltas organizadas fue - por su originalidad y pintoresquismo - la llevada a cabo en Boston, el día 16 de diciembre de 1773 la que pasaría - con el nombre de Boston Tea Party - a la historia de los Estados Unidos.
Así, a finales de noviembre de 1773, tres barcos de la Compañía Británica de las Indias Orientales atracaron en el puerto de Boston con la intención de descargar un importante cargamento de té. Infructuoso propósito, ya que durante más de una quincena los bostonianos espoleados por, entre otros, Samuel Adams y John Hancock (futuros padres de los Estados Unidos) invadieron multitudinariamente los muelles para impedir que se procediera a la descarga y distribución de la mercancía.
Mientras, durante la siguiente quincena, los Sons of Liberty planeaban en secreto y minuciosamente un golpe de efecto como desafío a la autoridad británica.
Así, la noche del 16 de diciembre se convocó una Asamblea de Protesta a la que acudieron más de 8.000 personas. Durante su transcurso, un centenar de Hijos de la libertad, ataviados como indios Mohawk, la abandonaron con sigilo para - armados con hachas y cuchillos - abordar los buques y, en menos de tres horas, tirar a la bahía de Boston 45 toneladas de hojas de té.
A pesar de las inevitables represalias inglesas (acciones punitivas, declaración del estado de excepción), el extravagante acto de rebelión inspiró acciones similares en el resto de los estados, y no tardó en adquirir la categoría de simbólico. Hoy en día se considera como un acto precursor de los sucesos que culminarían, tan solo seis años más tarde, en la histórica Declaración de Independencia de los Estados Unidos.
Resulta irónico, y muy inglés, que el acto de sabotaje realizado por unos contrabandistas contra una ley injusta (según ellos) diera lugar a la creación de un nuevo país que se arrogará en el futuro la defensa de la libertad y de la razón ante los déspotas de este mundo.
Los trabajos del Rey
Para los extranjeros la imagen del Rey Felipe II es la de la araña en el centro de la tela esperando a sus incautas presas. Esto es herencia de la Leyenda Negra.
Para los españoles, acaso para aquellos que aún saben leer, Felipe II es el Rey Prudente. Siempre quería saberlo todo sobre todos los temas de gobierno.
Se podrá discrepar del gusto filipesco, más no de su diligencia en la gobernación de los reinos. Se despertaba, por lo general, a las ocho de la mañana y pasaba casi una hora en la cama leyendo papeles. Hacia las nueve y media se levantaba, le afeitaban sus barberos y sus ayudas de cámara le vestían.
Oía luego misa, recibía audiencias hasta mediodía y almorzaba. Tras la siesta se recluía a trabajar en su despacho hasta las nueve, hora de la cena, y aún después seguía trabajando. Despachaba unos 400 documentos diarios; recibía secretarios, embajadores, arquitectos y emisarios; escuchaba informes sobre la marcha de las obras y tomaba decisiones sobre innumerables asuntos, importante o nimios.
Se ha hecho célebre su pequeño estudio en El Escorial, pero el rey estaba dispuesto a trabajar en cualquier sitio y a cualquier hora. Creó incluso un archivo especial, en Simancas, para conservar su documentación.
Rara vez se desplazaba sin sus papeles y si hacía buen tiempo los llevaba al campo y los consultaba en la carroza que le transportaba. A veces negoció a bordo de barcos: navegando por el Tajo hacia Aranjuez, Felipe II “llevaba en su barca un bufete en que iba firmando y despachando negocios que le traía Juan Ruiz de Velasco, su ayudante de Cámara”, mientras las damas de la corte danzaban y una orquesta de negros tocaba la guitarra.
Pero no solían ser tan placenteros los días laborables. A menudo se quejaba el rey del intenso trabajo, de su vida fatigada, de su enorme cansancio. Así, en mayo de 1575 decía a su secretario:
“Agora me dan otro pliego vuestro. No tengo tiempo ni cabeza para verle y así no le abro hasta mañana y son dadas las 10 y no he cenado; y quédame la mesa llena de papeles para mañana pues no puedo más agora”.
De nuevo, en 1577, escribe: “Son ya las 10 y estoy hecho pedazos y muerto de hambre y es día de ayuno. Y así quedará esto para mañana”.
A veces se sentía tan agobiado por las obligaciones de su cargo que ansiaba dejarlo todo:
“ Son cosas estas que no pueden dexar de dar mucha pena y cansar mucho y así creed que lo estoy tanto dellas y de lo que pasa en este mundo; si no fuese por (algunas)... cosas a que no se puede dexar de acudir, no sé que me haría... Cierto que yo no estoy bueno para el mundo que agora corre, que conozco yo muy bien que havría menester otra condición no tan buena como Dios me la ha dado, que sólo para mí es ruín”.
Para los españoles, acaso para aquellos que aún saben leer, Felipe II es el Rey Prudente. Siempre quería saberlo todo sobre todos los temas de gobierno.
Se podrá discrepar del gusto filipesco, más no de su diligencia en la gobernación de los reinos. Se despertaba, por lo general, a las ocho de la mañana y pasaba casi una hora en la cama leyendo papeles. Hacia las nueve y media se levantaba, le afeitaban sus barberos y sus ayudas de cámara le vestían.
Oía luego misa, recibía audiencias hasta mediodía y almorzaba. Tras la siesta se recluía a trabajar en su despacho hasta las nueve, hora de la cena, y aún después seguía trabajando. Despachaba unos 400 documentos diarios; recibía secretarios, embajadores, arquitectos y emisarios; escuchaba informes sobre la marcha de las obras y tomaba decisiones sobre innumerables asuntos, importante o nimios.
Se ha hecho célebre su pequeño estudio en El Escorial, pero el rey estaba dispuesto a trabajar en cualquier sitio y a cualquier hora. Creó incluso un archivo especial, en Simancas, para conservar su documentación.
Rara vez se desplazaba sin sus papeles y si hacía buen tiempo los llevaba al campo y los consultaba en la carroza que le transportaba. A veces negoció a bordo de barcos: navegando por el Tajo hacia Aranjuez, Felipe II “llevaba en su barca un bufete en que iba firmando y despachando negocios que le traía Juan Ruiz de Velasco, su ayudante de Cámara”, mientras las damas de la corte danzaban y una orquesta de negros tocaba la guitarra.
Pero no solían ser tan placenteros los días laborables. A menudo se quejaba el rey del intenso trabajo, de su vida fatigada, de su enorme cansancio. Así, en mayo de 1575 decía a su secretario:
“Agora me dan otro pliego vuestro. No tengo tiempo ni cabeza para verle y así no le abro hasta mañana y son dadas las 10 y no he cenado; y quédame la mesa llena de papeles para mañana pues no puedo más agora”.
De nuevo, en 1577, escribe: “Son ya las 10 y estoy hecho pedazos y muerto de hambre y es día de ayuno. Y así quedará esto para mañana”.
A veces se sentía tan agobiado por las obligaciones de su cargo que ansiaba dejarlo todo:
“ Son cosas estas que no pueden dexar de dar mucha pena y cansar mucho y así creed que lo estoy tanto dellas y de lo que pasa en este mundo; si no fuese por (algunas)... cosas a que no se puede dexar de acudir, no sé que me haría... Cierto que yo no estoy bueno para el mundo que agora corre, que conozco yo muy bien que havría menester otra condición no tan buena como Dios me la ha dado, que sólo para mí es ruín”.
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